Desde cero, con lo esencial — sin necesidad de comprar todo de golpe.
El altar suele colocarse en alto, en un lugar de la casa donde se le pueda visitar con regularidad. Muchos devotos evitan esconderlo — se recibe a la Niña Blanca abiertamente, no en secreto.
Una estatuilla o imagen es el centro del altar. Muchos devotos la limpian con cuidado antes de instalarla por primera vez, como un gesto de bienvenida.
El color se elige según la petición del momento. Algunos devotos arman un pequeño triángulo con tres velas — blanca, negra y la del color de su petición — como protección general.
Rosas blancas o rojas son las más comunes. Se reemplazan antes de que se marchiten — una flor marchita en el altar se considera de mala energía.
Manzanas, incienso de copal, y una copa de tequila, vino o agua son ofrendas tradicionales. Se cambian con regularidad — nunca se dejan echarse a perder frente a ella.
Un altar no es algo que se arma una sola vez. La relación se sostiene con visitas regulares, veladoras renovadas y agradecimiento cuando se cumple una petición.