Raíces prehispánicas
Antes de la llegada del catolicismo, la muerte ya tenía un lugar central en la cosmovisión mexica: Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, señor y señora del Mictlán, gobernaban la región de los muertos como parte necesaria del ciclo cósmico — no como un castigo, sino como una etapa más. Muchos historiadores señalan esta dualidad como un antecedente cultural, aunque no un origen directo y comprobado de la Santa Muerte actual.
La imagen del esqueleto llega de Europa
La representación de la muerte como un esqueleto con guadaña no es mexicana en su origen — llegó con los colonizadores españoles. En Europa, esa imagen se popularizó entre los siglos XV y XVIII, durante las epidemias y hambrunas que dieron lugar a las llamadas Danzas Macabras. Con el tiempo, la figura fue adquiriendo atributos propios — la guadaña, el manto, el mundo entre las manos — hasta convertirse en un ente con personalidad reconocible.
Un antecedente novohispano poco conocido
Algunos antropólogos, como Katia Perdigón, rastrean un culto mexicano a la muerte desde el siglo XVII, en la veneración de una figura conocida como San Pascualito Rey. En paralelo, otra hipótesis sostiene que la devoción se transmitió de forma oral durante generaciones dentro de comunidades indígenas, precisamente para evitar represalias de las autoridades religiosas conservadoras de la época.
Del culto oculto a la devoción visible
La primera manifestación pública documentada del culto ocurrió en 1965, en Hidalgo. Décadas más tarde, la apertura de altares visibles en la vía pública — el más conocido en el barrio de Tepito, Ciudad de México, en 2001 — marcó el salto de una devoción mayormente privada a una presencia abierta en calles, mercados y hogares.
Quiénes la veneran
En sus primeras manifestaciones públicas, el culto se asoció sobre todo con personas cuyo oficio implicaba un riesgo constante para la vida. Con el paso de las décadas, la devoción se ha extendido notablemente entre otros grupos históricamente estigmatizados por sectores conservadores — trabajadoras sexuales, la comunidad LGBT+ y quienes se dedican al comercio informal, entre muchos otros devotos sin ninguna de estas características.
Una relación tensa con la Iglesia
Las distintas iglesias cristianas han condenado el culto por considerarlo incompatible con sus doctrinas — el culto a la muerte como fin en sí misma se opone, en particular, al dogma católico de la resurrección. A pesar de esto, muchos devotos no ven contradicción entre asistir a misa y mantener un altar en casa — la devoción vive, para ellos, en un espacio propio.
Fechas de celebración
Las fechas más asociadas a su celebración son el 25 de agosto y el 2 de noviembre — esta última coincidiendo con el Día de Muertos, dentro del calendario más amplio de tradiciones mexicanas relacionadas con la muerte.